pronombres personales.
Son los que hacen referencia a las tres personas gramaticales —primera: la persona que habla; segunda: la
persona a quien se habla; y tercera: la que se refiere a cualquier otra persona o cosa—. Estos pronombres tienen formas
átonas (
pronombres personales átonos) y
formas tónicas (
pronombres personales tónicos).
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pronombres personales átonos.
1. Formas. Los pronombres personales átonos son aquellos que
funcionan como complemento verbal no preposicional (Ya te lo he dicho)
o como formante de los verbos pronominales (Ahora me arrepiento).
Precisamente por su carácter átono, se pronuncian necesariamente ligados al verbo, con el que forman una unidad
acentual. Estos pronombres carentes de independencia fónica se denominan, en general, «clíticos» (
acento,
1.1b): cuando anteceden al verbo (me
encanta; lo dijo; se fue)
se llaman «proclíticos»; cuando siguen al verbo (ayúdame, díselo,
vete) se llaman «enclíticos». A continuación se ofrece un cuadro con
sus formas:
|
formas de los pronombres personales átonos |
||||
|
persona gramatical |
singular |
plural |
||
|
1.ª pers. |
me |
nos |
||
|
2.ª pers. |
te |
os* |
||
|
3.ª pers. |
compl. directo |
masc. |
los |
|
|
fem. |
la |
las |
||
| compl. directo o atributo |
neutro |
lo |
— |
|
|
compl. indirecto |
||||
| forma reflexiva |
se |
|||
* En América, en Canarias y en parte de Andalucía, no se usa el pronombre personal vosotros para la segunda persona del plural. En su lugar se emplea ustedes, que en esas zonas sirve tanto de tratamiento de confianza como de respeto (→ usted). Por lo tanto, los pronombres personales átonos de segunda persona del plural que se utilizan en esas zonas son los que corresponden, gramaticalmente, a la tercera —lo(s), la(s) y le(s)—: A ustedes, niños, los espero en casa (frente a A vosotros, niños, os espero en casa).
Como se ve en el cuadro, en las formas de primera y segunda persona solo
se distingue entre singular y plural, y no existe una forma reflexiva específica:
Me gusta el cine (no reflexivo) /
Me peino (reflexivo). En la tercera persona existen formas distintas
según el género, el número y la función sintáctica, así como una forma reflexiva específica, se (
se, 1b, c y
d), invariable en género y número: Les
gusta el cine (no reflexivo) / Se peinan (reflexivo). La forma
neutra lo se emplea cuando el antecedente es un pronombre neutro (esto, eso, aquello), toda una oración o
el atributo en una oración copulativa: Él no dijo eso, lo dije
yo; Que no quieras ir, lo
comprendo; —¿Eran guapas? —Sí, lo eran.
2. Ortografía de las formas verbales con
clíticos. Por tratarse de formas átonas ligadas al verbo, los clíticos deben aparecer inmediatamente antepuestos
o inmediatamente pospuestos a este (
3). Cuando van antepuestos (proclíticos), se escriben como palabras independientes:
Te lo dije. Cuando van pospuestos (enclíticos), se escriben
necesariamente soldados: Dímelo. En este último caso, se producen en
determinadas situaciones ciertas alteraciones fónicas que tienen reflejo en la escritura:
a) Delante del enclítico nos se pierde
obligatoriamente la -s de la primera persona del plural del subjuntivo usado con valor de imperativo (subjuntivo
exhortativo); así, dejemos + nos = dejémonos (no
dejémosnos):
«Dejémonos de cuentos» (LpzNavarro Clásicos [Chile 1996]).
b) Si se añade el pronombre se a una forma
verbal terminada en -s —lo que sucede cuando la primera persona del plural del subjuntivo exhortativo lleva un
segundo enclítico—, las dos eses resultantes se reducen a una sola; así, pongamos + se + lo =
pongámoselo (no
pongámosselo):
Pongámoselo fácil.
Pero no se produce reducción si se añade nos a una forma verbal terminada en -n, lo que sucede en los casos en que este pronombre se une a la forma del plural ustedes del subjuntivo exhortativo (digan + nos = dígannos) o a algunos imperativos irregulares de segunda persona del singular (pon + nos = ponnos; mantén + nos = mantennos). En el caso del subjuntivo exhortativo, además, la -nn- permite distinguir la persona del plural de la del singular: Dígannos [ustedes] la verdad, frente a Díganos [usted] la verdad.
c) Cuando se añade se a una forma verbal
terminada en -n, no debe trasladarse ni repetirse esta letra al final del conjunto formado por el verbo y el
enclítico; así, sienten + se = siéntense (no
siéntesen ni
siéntensen). Es
error propio del habla popular, como ilustra esta cita: «“¿Qué prisa tienen? ¡Siéntensen!”. Se decía siempre
siéntensen, que luego me han dicho que está muy mal dicho» (Zamora Traque [Esp. 1972]). Esta -n se
añade también, en registros muy vulgares, al infinitivo empleado incorrectamente como imperativo:
Irsen, en lugar de
Váyanse; o a infinitivos cuyo sujeto es plural:
«¿Y tienen cara d’irsen
sin probame los cháncharos?» (Carrasquilla Tiempos [Col. 1935-36]).
d) La segunda persona del plural del imperativo
vosotros pierde la -d final cuando se le añade el enclítico os; así, estad + os = estaos (y
no
estados):
Estaos quietos. Es excepción la forma idos, imperativo poco usado de irse (
ir(se), 1): «Nada comprendéis. ¡Idos Juana, Inés,
Marina...!, ¡idos todas!» (Arrau Digo [Chile 1981]).
e) Se pierde la -s final del verbo en los
casos —hoy raros y propios únicamente de la lengua escrita— en que una forma verbal de primera persona del plural va
seguida del pronombre os: suplicamos + os = suplicámoos, y no
suplicamosos.
3. Colocación de los clíticos con respecto al verbo. La colocación del pronombre átono delante o detrás del verbo no es libre, sino que está sometida a ciertas reglas, que han ido variando con el tiempo. Estas son las normas por las que se rige hoy la colocación de los clíticos en el español general culto:
a) Los clíticos se anteponen, en el uso corriente, a las formas simples de indicativo: Te lo advierto: me voy. En la lengua escrita, generalmente a principio de oración o después de pausa, aparecen a veces pospuestos: «Como si adivinara mi pensamiento, díjome al punto: “La verdad es desnuda”» (RBastos Vigilia [Par. 1992]); la expresión adquiere entonces un tono arcaizante, que solo está justificado si la intención es recrear el lenguaje de épocas pasadas. El uso pospuesto es asimismo un rasgo dialectal propio de determinadas zonas del noroeste de España: Voyme enseguida; Marchose hace rato. La posposición de los clíticos es imposible cuando el verbo va en forma negativa: *No díjomelo.
b) Los clíticos se anteponen también a las formas simples del subjuntivo, tanto a las independientes: Ojalá le concedan el premio; Quizá lo consiga; como a las que dependen de otro verbo (explícito o implícito): Espero que te lo pienses; Que te vaya bien.
c) Los clíticos se posponen a las formas de
imperativo y a las del subjuntivo exhortativo afirmativo: Hazlo; Ponételo;
Dígannoslo; Hágase la luz.
Es vulgar anteponer los clíticos al subjuntivo exhortativo cuando este no depende de otro verbo:
«¡Se
callen, carajo, no es hora de conversa!» (FnGómez Viaje [Esp. 1985]); debe decirse cállense.
Sin embargo, la anteposición es obligada cuando el subjuntivo va en forma negativa o depende de otro verbo (explícito o
implícito): No lo hagan; Les ordeno que
se callen; Que se vayan ahora
mismo.
d) Los clíticos se posponen a las formas simples de infinitivo y de gerundio: Al mirarlo, sonrió; No conseguirás nada regañándome. Pero si el infinitivo o el gerundio forman parte de una perífrasis verbal, en la mayor parte de los casos los clíticos pueden colocarse también delante del verbo auxiliar de la perífrasis, que es el que aparece en forma personal: Debo hacerlo / Lo debo hacer; Tienes que llevárselo / Se lo tienes que llevar; Vais a arrepentiros / Os vais a arrepentir; Siempre está quejándose / Siempre se está quejando; Siguió explicándomelo / Me lo siguió explicando.
La anteposición de los clíticos no es posible cuando el verbo auxiliar de la perífrasis es impersonal: Hay que pedírselo (no *Se lo hay que pedir); o si el verbo en forma no personal es el sujeto oracional pospuesto de verbos como parecer, importar, convenir, etc.: Parecía entenderlo (no *Lo parecía entender); Conviene intentarlo (no *Lo conviene intentar); Importa denunciarlo (no *Lo importa denunciar). Tampoco es normal la anteposición de clíticos con verbos que expresan creencia, temor, deseo, preferencia o conocimiento, como creer, temer, desear, preferir, negar, afirmar, entre otros: Cree haberlo guardado (más normal que Lo cree haber guardado); Prefiero ignorarte (más normal que Te prefiero ignorar); Deseo irme (más normal que Me deseo ir); Negó saberlo (más normal que Lo negó saber), etc.
e) Lo dicho para las formas simples es válido
también para las compuestas, teniendo en cuenta que la posposición o anteposición de los pronombres átonos se da siempre
con respecto al auxiliar haber, dado que el participio, como norma general, no admite enclíticos (
f); así, los pronombres átonos se anteponen al auxiliar en las formas compuestas de indicativo y de
subjuntivo: Me lo he imaginado; ¿Se
habrá terminado la película?; Ojalá se lo hayan concedido (únicamente
pervive el uso pospuesto en expresiones lexicalizadas, como ¡Habrase
visto!); y se posponen en los infinitivos y gerundios compuestos: Por haberlo
terminado, recibirás un premio; Se fue habiéndonos dicho lo que quería.
Cuando el infinitivo compuesto forma parte de una perífrasis o depende de otro verbo con su mismo sujeto, los pronombres
pueden posponerse al auxiliar haber o anteponerse al verbo conjugado, salvo en los mismos casos señalados para
las formas simples (
d):
Tenías que habérmelo dicho / Me lo
tenías que haber dicho; Había que haberlo previsto (pero no *Lo
había que haber previsto); Convenía habérselo dicho (pero no
*Se lo convenía haber dicho).
f) En el español actual, el participio no admite
con normalidad la agregación de pronombres enclíticos; por ello, deben evitarse hoy usos como
Había prometídole
su apoyo, en lugar del normal Le había prometido su apoyo. Más
forzado aún resulta el uso de enclíticos con participios en función adjetiva que sustituyen a oraciones de relativo,
como en
El accidente
ocurrídole ayer, en lugar de El accidente que
le ocurrió ayer. Solo es admisible la agregación de enclíticos a un
participio cuando aparece en coordinación con otro y no se repite el auxiliar: «Y después de haber adorado a Dios y
dádole gracias, se sentaron» (Somers Retrato [Ur. 1990]).
4. Orden de las secuencias de clíticos.
Un mismo verbo puede llevar dos y hasta tres pronombres clíticos, que se anteponen o posponen al verbo siempre en
bloque, no pudiendo anteponerse unos y posponerse otros. El orden no es libre y se somete, básicamente, a la regla que
establece que los pronombres de segunda persona preceden a los de primera y estos a los de tercera, salvo a la forma
se, que precede a todas las demás (se + 2.ª pers. + 1.ª pers. + 3.ª pers.): «Ay, Dios, que
te me lo llevaste cuando más falta me hacía» (Ayerra Lucha [Esp.
1984]); «Cualquiera se te la llevará delante de las narices» (Aub
Calle [Esp. 1961]); no son correctas, por tanto, secuencias como
me se o
te se, propias del
habla popular:
«No
me se haga el pendejo, Balbicito, no me cojudee» (Bayly Días
[Perú 1996]).
5. Duplicación de complementos: coaparición del clítico y el complemento tónico. En español, los pronombres átonos aparecen a menudo dentro de la misma oración junto con el complemento tónico al que se refieren: Me dijo a mí que me callara; Lo sabe todo. La duplicación del complemento indirecto a través del pronombre átono es siempre posible y, en algunos casos, obligatoria, mientras que la del complemento directo está sujeta a muchas más restricciones. En el español general culto la coaparición del pronombre átono y el complemento tónico responde a las pautas siguientes:
5.1. Si el complemento tónico es también un pronombre personal, la coaparición del pronombre átono es obligatoria, tanto si el complemento es directo como indirecto: Me castigaron a mí; A ti te dieron el premio (no *Castigaron a mí; *A ti dieron el premio). Aunque son posibles, en estos casos, oraciones idénticas sin el complemento tónico (Me castigaron; Te dieron el premio), existen diferencias expresivas de importancia entre ambas posibilidades: la presencia del complemento tónico denota un propósito de contraste o discriminación, ausente de la oración en la que solo aparece el pronombre átono; así, en Me castigaron a mí, frente a Me castigaron, se subraya el hecho de que ha sido solo a mí, y no a otros igualmente merecedores de ello o más culpables que yo, a quien se ha castigado.
5.2. Si el complemento tónico no es un pronombre personal y aparece antepuesto al verbo, también es obligatoria la coaparición del pronombre átono, tanto si el complemento es directo como indirecto: A tu hermano lo vi en el cine (no *A tu hermano vi en el cine); La tarta la llevo yo (no *La tarta llevo yo); A mi madre le he dicho la verdad (no *A mi madre he dicho la verdad); A Juan le han denegado la beca (no *A Juan han denegado la beca). Deben diferenciarse estas construcciones, con el complemento tónico antepuesto y coaparición del pronombre átono, de aquellas en que la anteposición del complemento es enfática, contrastiva, en las que no coaparece el pronombre átono: Un libro te daré, y no dos (y no *Un libro te lo daré, y no dos).
Pero si el complemento tónico aparece pospuesto al verbo, las condiciones para la coaparición del pronombre átono son diferentes según que el complemento sea directo o indirecto:
a) En el caso del complemento indirecto, la coaparición del pronombre átono es normalmente opcional y suele ser lo más frecuente, especialmente en la lengua oral: No (les) da importancia a los problemas; (Les) he contado nuestro secreto a unos amigos; (Le) han denegado la beca a Juan; (Le) he dicho la verdad a mi madre. E incluso hay verbos, como gustar, encantar y sinónimos, que exigen la presencia del pronombre átono junto con el complemento tónico: ¿Le gustan a tu hermana los bombones? (y no *¿Gustan a tu hermana los bombones?). En general, suele ser necesaria la duplicación en los verbos cuyo complemento indirecto designa, no al destinatario de la acción, sino al que la experimenta, como ocurre con los llamados verbos de «afección» (psíquica o física), como molestar, divertir, interesar, cansar, etc., y con muchos otros, como parecer, resultar, convenir, etc.: Le molestó a tu padre que no vinieras; Le ha cansado a la abuela el paseo; Le pareció bien al jefe nuestro plan; No le conviene al niño comer tantos dulces. No obstante, cuando la función de complemento indirecto es desempeñada por los cuantificadores universales todo, nadie o similares, la presencia del pronombre átono no resulta siempre necesaria: Su decisión no (le) gustó a todo el mundo; Sus palabras no (le) molestaron a nadie; (Les) cansó a todos con su discurso.
b) En el español general, el complemento directo
tónico pospuesto al verbo no suele admitir la coaparición del pronombre átono, salvo que se trate también de un
pronombre personal, caso en el que es obligada (
5.1). Solo es normal la duplicación en todo el ámbito hispánico cuando el complemento directo tónico
es el pronombre todo: Lo sé
todo; (Las) conozco
a todas; cuando, con referente animado, el complemento directo es un
numeral precedido de artículo: (Los) invité
a los cuatro; o cuando se trata del indefinido uno y su
referente es la persona que habla: Si la ven
a una vacilar, enseguida se aprovechan. También favorecen la
duplicación del complemento directo las oraciones de carácter enfático, como Ya
lo creo que vendrá
o ¡Vaya si las castigo a las
niñas! La duplicación del complemento directo en otros casos (Lo
vi a Juan; La saludé
a María) es ajena a la norma culta de gran parte del ámbito hispánico,
pero es normal en algunas regiones americanas, especialmente en los países del Río de la Plata: «Al pasar la madre
cerca del baño la vio a Mariana
tomando comprimidos» (Rausch/Bay Anorexia [Arg. 1990]).
6. Discordancias en el uso de los clíticos. Son dos las discordancias frecuentes en el uso de los clíticos:
a) A menudo, cuando el pronombre átono de dativo
concurre en la oración con el complemento indirecto preposicional, se utiliza el singular le, aunque el referente
sea plural; esta discordancia está extendida tanto en España como en América, incluso entre hablantes cultos, por lo que
son frecuentes, aunque normativamente desaconsejables, oraciones como
«Colombia
le propuso a los Gobiernos de
Estados Unidos y Venezuela una alianza» (Tiempo [Col.] 18.4.97). En el uso esmerado se recomienda mantener la
concordancia de número entre el pronombre átono y el sustantivo al que se refiere: «Los mismos remedios de
distracción que les daba a sus
enfermos» (GaMárquez Amor [Col. 1985]).
b) En el español de muchos países de América, es
frecuente, especialmente en registros populares o coloquiales, trasladar a la forma singular del pronombre átono de
acusativo en función de complemento directo el rasgo de plural correspondiente al complemento indirecto, cuando este va
representado por la forma invariable se:
«¡No entienden que este
es mi espacio, es mi lugar! Cuántas veces quieren que se los diga»
(Purroy Desertor [Ven. 1989]), en lugar de Cuántas veces quieren que se
lo diga. Aunque en algunos países esta transferencia indebida se ha extendido incluso entre hablantes cultos,
se recomienda evitarla en el habla esmerada.
7. Otras consideraciones sobre el uso de los clíticos
a) Ciertos adjetivos que denotan facilidad,
dificultad, probabilidad, merecimiento, relevancia o frecuencia, como fácil, difícil, sencillo, complicado, cómodo,
rápido, costoso, imposible, digno, importante, raro, etc., o que denotan sensaciones o efectos producidos por una
acción, como aburrido, divertido, penoso, gratificante, etc., admiten como complemento un infinitivo transitivo
introducido por la preposición de: «Me siento atrapado en una alternativa imposible de resolver» (PRossi
Solitario [Ur. 1988]); «Demostró que la paz era un hueso duro de roer» (Mundo [Esp.] 8.8.95); «Este
arbusto contiene un metal muy raro de encontrar en la naturaleza» (ByN [Ec.] 9.11.97). En estas
construcciones, el infinitivo transitivo tiene sentido pasivo (problema fácil de resolver = ‘problema que
puede ser resuelto fácilmente’) y el sustantivo al que se refiere el adjetivo viene a ser el sujeto paciente tácito de
dicho infinitivo. Es incorrecto en estos casos añadir al infinitivo transitivo el pronombre átono de complemento
directo, cuyo antecente es el sustantivo al que se refiere el adjetivo:
Planteó cuestiones
difíciles de resolverlas (en lugar de Planteó cuestiones difíciles
de resolver). Este error se ve potenciado por el cruce de estructuras del tipo Es fácil de hacer, donde el
infinitivo es complemento del atributo adjetivo, con otras como Es fácil hacerlo, en las que el infinitivo es el
sujeto de la oración copulativa. Por otra parte, solo los infinitivos de verbos transitivos pueden ser complementos del
adjetivo; por ello, no es aceptable en la lengua culta utilizar esta estructura con verbos intransitivos (que llevan
complementos indirectos o complementos de régimen):
«Se trata de una música
fresca y fácil de gustar a todo el mundo» (Abc [Esp.] 23.2.96);
«¿Qué es lo más difícil
de darse cuenta?» (Puig Beso [Arg. 1976]); debió decirse: Se trata de una música fresca, que es
fácil que guste a todo el mundo y ¿De qué es más difícil darse cuenta?, respectivamente.
b) En cuanto a la aparición indebida de
pronombres personales átonos en oraciones de relativo (
Tenía
un perro enfermo al que había que cuidarlo mucho),
que,
1.3.
c) No puede haber correferencia parcial entre el clítico y el sujeto del verbo; por ello no es posible una oración como *Nos hice una cena riquísima (el referente «yo» del sujeto es solo una parte del referente «nosotros» del complemento indirecto). Los referentes han de ser, o bien totalmente distintos, o bien totalmente coincidentes: Os hice una cena riquísima (sujeto «yo» y complemento indirecto «vosotros»); Nos hicimos una cena riquísima (el referente del sujeto y del complemento indirecto es «nosotros»).
d) Los clíticos no pueden coordinarse entre sí: *Los y te escuché. Tampoco pueden coordinarse dos verbos y asociarles conjuntamente un solo clítico: *La compré y coloqué en mi casa (debe decirse La compré y la coloqué en mi casa). Solo es lícito coordinar las bases verbales si el pronombre va en posición preverbal y de la suma de los dos verbos resulta una acción unitaria y, normalmente, repetida: «Un hilo de vida le corría al conde por los ojos sin vista (los abría y cerraba alternativamente, buscando el final de su vida)» (Armas Madrid [Esp. 1994]).
8. Acerca de la confusión en el uso de las formas
de tercera persona,
laísmo,
leísmo y
loísmo.
9. Sobre la acentuación de formas verbales con
enclítico,
tilde2,
4.3.
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pronombres personales tónicos. 1. Formas. Los pronombres personales tónicos son aquellos que pueden funcionar como sujeto (Tú sabrás), como atributo (Los culpables son ellos) o como término de preposición (Mi hermano vendrá con nosotros). A continuación se ofrece un cuadro con sus formas:
|
formas de los pronombres personales tónicos |
|||||||
|
persona gramatical |
singular |
plural |
|||||
|
1.ª pers. |
sujeto o atributo |
yo |
nosotros/as |
||||
| término de preposición |
mí (conmigo) |
||||||
|
2.ª pers. |
sujeto o atributo |
tú, vos* |
vosotros/as* |
||||
| término de preposición |
ti (contigo), vos* |
||||||
|
3.ª pers. |
sujeto o atributo |
masc. |
él |
usted** |
ellos |
ustedes** |
|
| fem. |
ella |
ellas |
|||||
| sujeto | neutro |
ello |
— |
||||
|
término de preposición |
masc. |
él |
usted** |
ellos |
ustedes** |
||
| fem. |
ella |
ellas |
|||||
| neutro |
ello |
— |
|||||
|
término de preposición exclusivamente reflexivo |
sí (consigo) |
||||||
* Vos y vosotros son formas pronominales no comunes a todos los hispanohablantes. Acerca de sus funciones y su ámbito geográfico de uso, → vos, vosotros.
** Aunque el pronombre usted se refiere siempre al interlocutor (2.ª persona), a efectos gramaticales funciona como un pronombre de 3.ª persona.
Salvo la primera y la segunda persona del singular (yo, tú/vos, mí, ti)
y la forma usted (pl. ustedes), todos los pronombres personales tónicos tienen variación de género. La
tercera persona del singular cuenta con la forma neutra ello, de uso muy restringido en español (
ello). Solo la tercera persona posee una forma específica con sentido exclusivamente
reflexivo, sí (
3 y
sí, 3), invariable en género y número. Cuando la
preposición que precede a mí, ti, sí es con, deben emplearse las amalgamas conmigo, contigo y
consigo, de manera que no son correctas las secuencias
con mí,
con ti,
con sí. Por otra
parte, debe tenerse en cuenta que la preposición entre (
entre, 1) y la preposición según (con el
sentido de ‘en [mi, tu, su, etc.] opinión’) seleccionan las formas pronominales de sujeto, y no las de término de
preposición: «Lo que hablemos será entre tú y
yo» (Bain Dolor [Col. 1993]); «En fin, que según
tú, caso concluido» (José Keaton [Esp. 1991]). Para las
cuestiones relacionadas con cada pronombre,
yo, tú, vos,
usted, etc.
2. Aparición u omisión del pronombre sujeto. El español es una lengua de sujeto no obligatorio (Vino y nos dijo que no saliéramos a la calle). Esto no significa, sin embargo, que la aparición o elisión del pronombre de sujeto sea aleatoria o indiferente. Por el contrario, es fácil reparar en que la aparición de sujetos pronominales explícitos es a veces anómala, mientras que, en otros casos, su presencia es posible o resulta imprescindible.
a) Cuando las formas de tercera persona él,
ella, ellos, ellas funcionan como sujeto, solo pueden referirse a personas; por ello, cuando se hace referencia a
cosas, en español no se emplea ningún pronombre personal explícito: He leído tus últimos informes. Enhorabuena: son
claros y ofrecen numerosos datos (no *ellos son claros y ofrecen...);
así, en
«La decisión de
la entrega la señalan las Farc, lo mismo que el sitio en que ella se
produzca» (Tiempo [Col.] 24.9.96), debió omitirse el pronombre ella o sustituirse por el demostrativo
esta. No obstante, en ocasiones, el sujeto de cosa va modificado por un adjetivo, una aposición o una oración que
posibilitan que el pronombre sujeto se haga explícito: Compramos un sofá enorme: ocupaba
él solito toda la habitación.
b) El pronombre sujeto se hace explícito con finalidad contrastiva o cuando es el foco de la oración, caso en el que aparece normalmente detrás del verbo: «Yo [y no tú u otra persona] creo que en eso estuvo mal» (Giardinelli Oficio [Arg. 1991] 162); «Sé que ha sido él porque tenemos una contraseña» (Tomeo Mirada [Esp. 2003]).
c) También se hace explícito a menudo el pronombre sujeto para deshacer ambigüedades provocadas por la indistinción de las desinencias verbales en algunos tiempos. Así, las desinencias de la primera y la tercera persona del singular coinciden en el pretérito imperfecto o copretérito y en el condicional o pospretérito, además de coincidir en todos los tiempos del subjuntivo, lo que propicia la aparición de las formas yo y él (o ella): «Mal podía ella preconizar una huelga de hambre teniendo el estómago lleno» (Palou Carne [Esp. 1975]). Por otra parte, en ciertas variedades del español, con especial incidencia en el habla caribeña, la -s final se aspira, se debilita o se pierde, de manera que la segunda persona del singular puede llegar a converger oralmente con las formas de primera y de tercera, según los tiempos, lo que justifica la frecuencia con la que se hace explícito, en esas zonas, el sujeto tú: «¿Qué tú quieres más que eso?» (González Provisiones [Cuba 1975]).
d) En muchas ocasiones, las formas de los pronombres con variación de género aparecen para hacer explícito el sexo del referente: «Un futuro esperanzado requiere cultivar el acuerdo, la reciprocidad, también entre nosotras y ellos» (Alborch Malas [Esp. 2002]).
e) El pronombre usted (
usted), por su parte, aparece con mucha frecuencia para reforzar la cortesía o
deshacer la posible ambigüedad con respecto a un referente de tercera persona: «Debe
usted partir a París en seguida» (Mujica Escarabajo [Arg.
1982]).
3. Formas reflexivas. Un pronombre
tiene sentido reflexivo cuando su antecedente es el sujeto (tácito o expreso) de la oración en que aparece: La atraje
hacia mí con suavidad; Tú solo piensas en
ti mismo; o bien el sujeto de una paráfrasis implícita en la secuencia
en que aparece: La confianza en ti mismo [= tú confías en ti mismo]
fue la clave de tu triunfo. Para la primera y la segunda persona no existen formas pronominales tónicas
específicamente reflexivas, sino que, como ilustran los ejemplos anteriores, estas son las mismas que se emplean en
cualquier complemento preposicional: mí, ti, vos, nosotros/as, vosotros/as. Solo la tercera persona posee una
forma tónica específicamente reflexiva, el pronombre sí (
sí, 3), invariable en género y número: «Vladimir
creyó tener ante sí al psiquiatra del lugar» (Ponte Contrabando
[Cuba 2002]); «Tiene usted un bajo concepto de sí mismo» (Collyer
Pájaros [Chile 1995]); «Aquellas flores le devolvieron [...] la confianza en
sí misma» (Ferré Batalla [P. Rico 1993]); «Su dogma les
permite [...] decidir, por sí mismos, la suerte de quienes les
rodean» (Volpi Klingsor [Méx. 1999]). Como se ve en varios de los ejemplos citados, junto a las formas
pronominales con sentido reflexivo aparece frecuentemente el adjetivo mismo, como refuerzo, a veces opcional, a
veces obligatorio (
mismo, 2). No es infrecuente que aparezcan
usadas con valor reflexivo las otras formas tónicas de tercera persona (él, ella, ellos, ellas, usted, ustedes),
especialmente si hacen inequívoco este valor mediante el refuerzo mismo: «La candidata lució guapa y segura de
ella misma» (Prensa [Hond.] 31.1.97); «Póngase a pensar en
usted mismo y se dará cuenta de qué cantidad enorme de mensajes rigen su
vida» (Antognazza Vida [Arg. 1993]); «Sánchez empezó a maldecir, como hablando con
él mismo, en palabras de grueso calibre» (Tiempo [Col.]
13.9.96); no obstante, en el habla esmerada se recomienda emplear, en estos casos, la forma propiamente reflexiva: La
candidata lució guapa y segura de sí misma; Póngase a pensar en
sí mismo; Sánchez empezó a maldecir, como hablando
consigo mismo.
4. Duplicación de complementos: coaparición
del clítico y el complemento tónico. No es obligatoria la presencia de un pronombre tónico en función de
complemento directo o indirecto, pero, si aparece, es forzoso que aparezca también el pronombre átono correspondiente;
sobre la coaparición de pronombres tónicos y clíticos y, en general, sobre la duplicación de complementos,
pronombres personales átonos,
5.
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